Afuera, Alejandro fue por su cuenta a Villa Rivera.
Una hora después, llegó a la entrada de la mansión de Ximena y justo cuando bajó del auto, vio que ella también se bajaba de su vehículo.
Cerró la puerta con frialdad y se acercó a ella.
—¡Ximena!
Al escuchar esa voz familiar, Ximena se detuvo, mirando atónita al hombre que apareció repentinamente.
—¿Por qué viniste...
—¿Por qué envías a la niña a un lugar tan lejano?— Alejandro gritó furioso. —¡Apenas tiene 6 años y la dejas sola con un viej