Luis aún no había terminado de hablar cuando Mariano lo interrumpió con astucia.
Había escuchado de Ximena que ahora Alejandro se hacía llamar Alejandro Mendoza.
—El señor Méndez no se encuentra aquí en este momento,— respondió el portero. —¿Podrían ustedes dos acordar una nueva cita con nuestro señor Méndez?
Luis y Mariano se quedaron en silencio, reflexionando.
Si no estaba, no tenía sentido quedarse allí.
Luis y Mariano regresaron a su auto con resignación. Justo cuando encendían el motor, vi