Rita venía cada media hora para ayudar a Elena a enfriar su cuerpo con métodos físicos, ya que, al estar embarazada, no podía tomar medicamentos para la fiebre.
En su estado confuso, Elena vio la figura de Rita y preguntó débilmente:
—¿Qué hora es? ¿Ha vuelto mi esposo?
Rita respondió:
—No, señora. El señor todavía está fuera. ¿Quiere que le llame?
—No, no lo molestes si está ocupado con asuntos importantes.
—Señora, seguir con esta fiebre no es una solución. Al menos en el hospital los médico