—Eleri, han venido a arreglarte.
Enseguida fruncí el ceño cuando Jessie dejó entrar a mi habitación a un par de estilistas.
Acabo de salir del baño y me detengo en seco al ver una caja bonita sobre la cama a la que veo con curiosidad.
—Prepararemos todo para usted, señora —dijo una de las estilistas y yo asentí sin prestarle mucha atención.
—El jefe lo dejó para ti, Eleri —murmuró Jessie llegando a mi lado.
—¿Qué es?
Me mordí el labio inferior porque ya me imaginaba de qué se trataba.
—¿Por qu