Mundo ficciónIniciar sesiónNo pertenecía a ninguna de las filas; era más bien el perrito faldero de Lianna, siempre que aparecía se pegaba a ella como un chicle, un chicle dispuesto a estrangular a cualquiera que se atreviera a mirar mal a su dueña.
— Toc toc.Lianna lo miró un momento desde su escritorio y luego volvió a sus negocios.— Tanto tiempo, Chad.— Saludó sin apartar la vista del ordenador.— Tan hospitalaria como siempre, jefecita.— Sabía cuanto le disgustaba que la llamar






