Cuando se enteró del escándalo sintió algo de pánico. Era como si los problemas y enfrentamientos lo persiguieran a donde fuera.
Estaba frustrado porque, aunque trató de unirse a quienes iban a ayudar al pueblo, no lo dejaron alegando que podría herirse de nuevo la pierna y entonces si no saldría victorioso.
— ¿Dónde tiene la cabeza, joven?—una señora de edad pero bien conservada se acercó a él con las manos tras su espalda.
— Perdón... Estaba pensando en la situación actual.
— Si... Realmente