Durante la cena, Nathália se dio cuenta de algo que no esperaba: Fernando no se le quitaba de encima.
No era una mirada, sino una presencia constante, como si cada gesto, cada palabra que ella pronunciaba, él la acompañara en silencio.
Cuando algún invitado se acercaba demasiado para halagarla, Fernando aparecía a su lado, con la mano firme en su espalda, guiándola con naturalidad.
—La novia está encantadora esta noche, ¿no les parece? —dijo, con voz firme, interrumpiendo a dos primas que cuch