Al final del paseo, Julieta la acompañó de vuelta a la habitación. Natália respiró hondo, tratando de asimilar lo que sentía. A pesar del esplendor de la casa, de los pasillos impecables y de la cordialidad ensayada de los empleados, la sensación era clara: ella no pertenecía a aquel lugar. La hostilidad de Catalina y Mariana ya no era ninguna sorpresa y ahora se sumaba a ella la presencia de la bella amazona Paula, que parecía dejar claro que no era bienvenida.
Al entrar, Julieta intentó segui