El coche con el chófer de Fernando apenas había salido del garaje cuando Carlos dejó escapar un profundo suspiro. La ciudad pasaba por la ventana como una mancha de luces.
Apretó el móvil entre las manos, dudó unos segundos, pero finalmente llamó a Laís.
Ella contestó al segundo tono.
—¿Cariño? ¿Va todo bien? ¿Ya has podido hablar con Fernando?
Carlos cerró los ojos y tragó saliva.
—Lo he conseguido… pero, Laís, nunca lo había visto así.
Se le quebró la voz, y Laís se dio cuenta de inmediato.
—