Sé que soy impulsiva, pero a veces en la vida uno tiene que ser así. Si no, te quedas atorado, sin poder salir de donde estás.Después de subirme al auto, Adam me miró. Me miró varias veces y, al final, no aguantó más:
—Esmeralda, se sincera ¿tú en serio quieres casarte conmigo?
En cuanto lo dijo, se notó que se arrepintió.
Le dio miedo que, si yo lo pensaba un poco más, decidiera no hacerlo.
Sabía que esta era su única chance de cumplir ese sueño.
Había esperado diez años. ¡Diez largos años!
Y j