Enseguida, sonrió de oreja a oreja para recibir a Luna en su casa.
Se notaba que el cambio de actitud le daba más placer a Luna todavía.
Me miraba con esa cara burlona, como diciéndome: Esmeralda, eres una inútil. Te dejé dos años y no hiciste nada. ¡Apenas aparezco, y tu familia deja de ser tuya!
Se me apagó la mirada un poco.
Suspiré de la rabia sin darme cuenta.
Aunque ya esta familia no me importa, Luna trató de matarme más de una vez, y las heridas que sufrí fueron por su culpa.
Y eso me da