La brisa nocturna era suave y agradable.
Luna estaba parada en un lujoso balcón, mirando los fuegos artificiales que iluminaban la distancia, disfrutando de un sorbo de vino con tranquilidad.
No importaba lo misterioso y cambiante que fuera el señor López.
Lo que sí era cierto es que su bondad hacia ella era real, y la había ayudado a alcanzar un lugar que antes parecía inalcanzable.
Esa altura la hacía sentir que podía lograr cualquier cosa.
Miró hacia el mar en el horizonte, pensando