Mi madre se quedó con los ojos completamente abiertos, como si no pudiera creer lo que había dicho. Después de un rato, exclamó:
—Barbara, ¡crie cuervos y ahora me sacan los ojos!
—Pues, el cuervo supero a su vil entrenador, ¿no?
…
Después de que mi madre se dio cuenta de que no podía convencerme, Luna comenzó a suplicarle a David.
Cuando David fue a verla, ella lloraba sin consuelo, como si su corazón se estuviera rompiendo.
—David, de verdad me equivoqué… de verdad me equivoqué…