Se había arrepentido.
Me había rogado, desesperado.
Pero, la verdad era obvia.
Con o sin malentendidos, cuando Luna lo necesitaba, él no dudaba en dejarme atrás por ella.
Por la noche, cuando David confirmó que Luna estaba fuera de peligro, volvió a buscarme. Mis guardaespaldas no lo dejaron subir, así que se quedó parado bajo la ventana de mi casa.
El invierno era terrible, y esa noche, el viento helado era aún más despiadado que de costumbre porque había una tormenta de nieve. El frío de