David pensó que yo estaba demasiado afectada por su amor y que por eso me puse a llorar.
¡Pero la verdad es que era una porquería, nada más que eso!
Sentí una repulsión dentro, y rápido le quité la mano.
—¡Y sí que lo necesitas! ¡Estás loco!
—David, no necesito tu ayuda si vas a burlarte de mí y mi situación, además ¡nunca voy a volver contigo!
—¡Lo que nunca hice, nunca lo aceptaré!
Prefiero pudrirme en la cárcel antes que reconocer algo que nunca hice.
A David, que se había puesto en mis zapat