60. Verdades que Lastiman
—No te acerques —le advirtió con firmeza, aunque su voz temblaba por la mezcla de emociones que la consumían. La barrera invisible entre ellos ahora parecía insuperable.
El silencio volvió a instalarse, pero esta vez era un silencio cargado de resignación y desesperanza. Ambos sabían que, después de esa revelación, nada volvería a ser igual.
Clara, con los ojos aún llenos de lágrimas, lo miró fijamente, buscando algún atisbo de justicia o remordimiento en Heinst. Su voz temblaba al hacer la pre