56. Atrapado en un Torbellino
Carlos tragó saliva, su mente corría en busca de una salida, pero antes de que pudiera responder, una nueva preocupación se apoderó de él.
—Un momento… ¿Dijiste compañera? ¿Ella también es…? —Carlos no terminó de formular su pregunta cuando, de repente, el cañón de la pistola de Analia se encontró a solo centímetros de su rostro. La amenaza era inconfundible, y el silencio que siguió solo intensificó el terror en los ojos de Carlos.
—Él ya sabe demasiado… debemos matarlo. No queda otra opción —