36. El Precio del Engaño
Clara cerró los ojos, sintiendo cómo su resistencia se desvanecía. La mano de Noah se deslizó por su cuello, dejando un rastro de fuego a su paso. Podía sentir su aliento en su piel, su aroma envolviéndola, y cada caricia que él realizaba por ella era una promesa de placer y pasión.
—Noah... —murmuró Clara, su voz apenas un susurro —No puedo... no debería... Amo a Heinst.
Las palabras de Clara resonaron en la habitación como un eco distante, pero fueron lo suficientemente fuertes como para dete