Nadie Impedirá Que Recupere a Mi Hijo.
El niño, sorprendido y confundido, se quedó paralizado ante lo que consideraba una extraña a la que solo había visto una vez en su vida. Sus grandes y curiosos ojos buscaban respuestas en el rostro de la mujer que lo abrazaba con tanto cariño.
Mariana se apartó un poco para mirar a su hijo a los ojos, tomando sus manos y colocándolas suavemente sobre su rostro, intentando absorber cada pequeño detalle de él. Las risas y juegos que había perdido durante tanto tiempo la invadieron de nostalgia.
—