Lo Único Que verdaderamente Amo.
La puerta del otro lado finalmente se abrió con un chirrido seco.
El sonido metálico fue breve, pero suficiente para que el ambiente, ya cargado de tensión, se transformara. Todos los ojos se giraron hacia la figura que aparecía en el umbral: Mariana, escoltada por una guardia.
Llevaba el uniforme naranja de la prisión, arrugado por el uso constante, y el cabello recogido sin cuidado. Su rostro reflejaba una frialdad que solo el encierro puede tallar. Sin embargo, sus ojos no habían cambiado; s