La Trampa Fríamente Calculada.
Las semanas transcurrían sin grandes novedades. En la empresa, todo seguía su curso habitual. Cristina llegaba temprano, dejaba su bolso en el escritorio, se preparaba un café y comenzaba su jornada.
Su carácter amable y su disposición para ayudar la habían convertido en una persona muy valorada por sus compañeros. Para todos, Cristina era alguien en quien se podía confiar.
Por eso, cuando su teléfono vibró aquella mañana, nadie habría imaginado la relevancia de aquel mensaje.
Era de Mariana.
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