El Odio Se Añeja Como El Vino.
El sonido metálico de las puertas de la prisión siempre hacía que Anna sintiera un nudo en el estómago. Cada vez que cruzaba ese umbral, sentía como si aquel lugar le arrebatara hasta el último rastro de oxígeno, dejándola con una incómoda sensación de vacío en el pecho. Mientras avanzaba por el interminable pasillo de paredes grises y luz fría, trataba de mantenerse firme, sosteniendo su bolso con ambas manos como si fuera un escudo protector. Eran momentos en los que necesitaba reunir todas s