Un Refugio Llamado Familia.
El sonido suave de la lluvia repicando contra las ventanas se entrelazaba con las risas de un niño que corría descalzo por la sala. La mansión Chevalier respiraba una calma sencilla, de esas que solo se alcanzan tras haber superado demasiadas tormentas.
—¡Papá, eres un velociraptor! ¡Atrápame si puedes! —exclamó el pequeño Noah entre risas mientras se escondía detrás del sofá, sosteniendo un dinosaurio de juguete entre las manos.
Marcos dejó la taza de café sobre la mesa con una lentitud delibe