El Latido Del Peligro.
Mariana apretó a Yamir contra su pecho y continuó corriendo, sintiendo cómo el aire caliente quemaba sus pulmones. Las piernas comenzaban a flaquear.
Detrás de ellos, los gritos resonaban con una intensidad aterradora.
—¡Por allí! ¡No la dejen escapar!
Mariana giró la cabeza por un instante, y su corazón se detuvo al ver a dos guardias salir por la reja principal. Corrían en su dirección, implacables, como sombras que se acercaban cada vez más.
Durante un segundo olvidó cómo respirar y, sin pen