La atmósfera en el pasillo de cuidados intensivos pasó de la calma aséptica a una tensión eléctrica en cuestión de segundos. Marcos, con las palabras de Mariana martilleándole las sienes —«Alexander la mira con amor... ella se está enamorando de él»—, no pudo contenerse más al ver a Alexander salir de la habitación con esa suficiencia implacable que tanto odiaba.
Marcos lo interceptó a mitad del pasillo, cortándole el paso. Su rostro estaba congestionado y la vena de su cuello palpitaba con