Cesare Santorini siguió cada paso que Madson Reese daba en aquella mansión, buscando cualquier pista o error que pudiera cometer para revelarse aquella noche, pero no ocurrió nada. Era como si realmente fueran dos mujeres totalmente distintas. Y después de casi una semana desde que ella había llegado a la ciudad, él se sentía frustrado. La esperanza de poder seducirla o besar de nuevo a aquella dulce mujer se desvaneció cuando ella se negó con vehemencia, amenazando con marcharse si volvía a to