¿Con quién? No me digas que tenías un amante.
Frente a la suntuosa y lujosa mansión digna de un propietario de la mayor industria de diamantes de la región, Madson Reese volvió a mirar fijamente la propiedad. Y eso dejó a Cesare Santorini confuso. ¿Por qué se comportaba así, como si lo viera todo por primera vez, si conocía aquella casa como la palma de su mano? No entendía cómo podía fingir tan bien.
Pero lo cierto era que Madson Reese se limitaba a recordarlo todo mientras veía cada pieza de aquel lugar como su cautiverio y su martirio.