CAPITULO 114

Durante el trayecto a casa del abuelo, quería llorar, quería gritar, porque estaba comenzando a entender que Ana no volvería hiciera lo que hiciera, y aunque la amaba y sentía en mi pecho que ella también lo hacía, lo nuestro se había terminado y la ventana de mi corazón, por donde ingresaba la calidez y la esperanza que me brindaba su ternura, se había cerrado para siempre.

No dije nada de camino a casa de Mónica. S

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