Mundo ficciónIniciar sesiónCuando aquella mujer —hermosa, para qué negarlo—, se lanzó sobre mí y estampó su boca contra la mía, sentí que aquella no era la forma de olvidar y que era injusto para ella y para mí, porque podría imaginarse cosas que no sucederían y podría ser un gran dolor de cabeza para mí. Estaba demás decir que no me encontraba en el momento preciso de acumular y lidiar con otro problema de faldas. Con Ana,







