Capítulo 26

—Bien, mis pequeños —dijo con suavidad una joven rubia de apariencia delicada—, ya es hora de comer.

Avelyne y Bastian se miraron con un sobresaltó compartido.

¿Marianne?

Un par de cascos golpearon el suelo con entusiasmo, seguidos por el tintineo de un cubo metálico. Avelyne se cubrió la boca para contener una risita nerviosa, mientras Bastian se giraba con cuidado y se arrodillaba frente a la rendija

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