Me desperté muy adolorida y confundida, puedo observar las paredes blancas y el color celeste de las cortinas.
Al percatarme de que estoy vestida con una bata blanca y un suero está conectado a mis venas me doy cuenta de que me encuentro en una habitación de hospital o clínica.
Lo último que recuerdo es haber llegado a un refugio de personas indigentes, a esa Monja tan amable y al hombre, pero esté último está borroso en mi cabeza.
—Buenos días—Una mujer entra al sitio vestida de enfermera.
Debo