Narrador omnisciente
Diego no tardó en descubrir que no tiene los pasaportes de Belinda en la cartera y solamente debió sumar dos más dos para comprender la situación.
Se ha dedicado a seguirla durante más de diez minutos, pero la mujer no ha hecho otra cosa más que acelerar.
—¡Belinda! ¡Detente ahora mismo! —Le grita sin césar.
—¿Le disparó, señor? —Pregunta su mano derecha.
Diego contrató a Mario hace algunos meses. Lo considera un tipo peligroso capaz de realizar cualquier tipo de trabajo ya