Fernando
Sin pensarlo me acerqué y le di un enorme abrazo seguido de un beso en la mejilla. La señora me miraba y su rostro se iluminaba.
—Estás enorme, no te veía desde que eres un muchachito.
—¿Qué hace acá? A Mariana le encantará verla y a mi abuela.
—Por favor no le digas a nadie que estoy acá sería muy riesgoso.
—No entiendo nada
—Tú confía en mí, niño, todos deben creer que sigo en el campo.
—No me asuste, le ocurre algo malo.
—A mí no.
—¿De dónde conoce a Belinda? ¿Por qué está llegando a