—No todos son célebres estrellas de rock, que se casan en Las Vegas y pasan la noche de boda en el baño público de un bar. —Nos mira a los dos. —Para eso existen las habitaciones de los hoteles.
—Me pudieron las ganas, ¿vale? —¿Pero qué está diciendo? Esto va de mal en peor. —Es mi culpa y Miranda no tiene por qué estar pagando las consecuencias.
—Ya basta —digo suavemente; sin embargo, los dos me miran con atención. —No soy una niña, Jacob, y tengo que ser responsable por lo que hice; tú no me