Rosy dio una última mirada al interior de la habitación. Las rosas rojas, aunque secas, seguían siendo bellas. Como los recuerdos y los lazos que, de cierta manera, no se perdían con la mudanza. Quedaban personas con las que había creado vínculos, amistad. Ella misma había vivido un proceso de cambios, interior y exterior. No era la misma Rosy frívola que había llegado a Victoria. Se veía más madura, más centrada, descubriendo un mundo de oportunidades. Quería tener sus propias metas, lograr su