Tras varios días de acomodar y revisar todo en casa, Rosy se preparaba para la mudanza. Calvin había aceptado, a regañadientes, visitar a Pamela; ella aprovecharía la ocasión para ir a casa de la señora Cori y despedirse. Había preparado un hermoso pastel clásico, rollos de queso, budín y una botella de vino envuelta en su estuche.
Después de todo, la señora Cori no era tan mala persona: tenía esos comentarios mordaces, dichos que dejaban entrever su molestia, pero había que reconocerle que, a