Delilah miraba de reojo a su esposo e intentaba controlar las ganas de marcharse de allí.
Era difícil mantener la sonrisa y fingir cuando en realidad estaba muy molesta al ver ese comportamiento amable hacia ella.
Si supiera que era su esposa la que estaba a su lado seguro comenzaría a dar gritos como el loco que era.
Sintió los dedos de Maximiliano recorrer la mano que tenía sujeta de su brazo, fue solo un roce, pero logró ponerla tan nerviosa que en el siguiente paso que dio se torció el to