Marco había pasado demasiado tiempo luchando con sus pensamientos, un turbulento torbellino de indecisión y aprensión lo había sostenido durante las horas que quedaban.
Desde que Maximiliano y Delilah se habían marchado, él no dejó de darle vueltas a las palabras de su amigo.
Tenía razón, solo que él se había marchado aquella noche, le había vuelto a hacer daño y le esperaba un rechazo seguro.
Durante esas dos semanas lo había perseguido el miedo persistente de que Aurora abordara ese avión.
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