—¡Estoy tan feliz! —gritó Aurora mientras la agarraba de los hombros y la movía como si fuera una muñeca.
Delilah parpadeó intentando salir del sueño.
Su hermana, que se había mudado a la casa la tarde anterior, se coló en su habitación gritando como una loca.
—¿No podrías ser feliz con menos intensidad? —farfulló, apenas había dormido por estar pensando en cómo iba a cumplir la petición de su suegra—. Estoy muerta de sueño.
—Después vuelves a dormir, pero ahora despierta porque tengo que darte