—Delilah, quítate y déjame pasar —dijo Maximiliano, su risa había sido sustituida por un semblante serio.
Al parecer ya no le estaba gustando que ella no le permitiera entrar en su habitación.
—No lo haré, no tienes derecho, es mi privacidad, mi espacio seguro y no vas llenarlo con tus… Con tus hormonas masculinas de pervertido —graznó ya sin saber qué excusa ponerle.
Si él entraba y veía la peluca y el vestido, ella iba a necesitar un cohete espacial para poder huir a otro planeta.
No era e