CAPÍTULO 11. MYRA
No podía dejar de sentirla.
Era tan extraño… y tan fantástico a la vez.
¿Cómo era posible que no la hubiera percibido antes?
Se sentía tan parte de mí que no concebía mi mente, mi alma, sin ella. Como si siempre hubiéramos estado conectadas.
No me había hablado aún, no con palabras claras, pero su presencia era innegable. Serenidad. Confianza. Una calidez que me envolvía desde dentro. Ella estaba en calma y por lo tanto me hacía sentir calma a mí también, estaba tan contenta de estar aquí conmi