Cuando llegó a la puerta, un niño corrió hacia ella apenas la reconoció a la distancia. Salió del agua de la piscina y se acercó a toda velocidad.
—¡Sophia! —exclamó Xavier, con una sonrisa radiante que hizo que Sophia olvidara momentáneamente su nerviosismo.
—¡Hola, mi vida! —respondió con ternura. No hacía falta de que se agache para abrazarlo porque Xavier crecía a cada segundo y ya la había alcanzado—. ¿Viste que sí vine?
—¡Nunca lo dude!
—Y tampoco olvidé lo que me pediste —aseguró Soph