—¿¡Que dijo quééééé!?
La exclamación resonó por todo el departamento justo cuando Sophia entraba al living con una bandeja cargada de galletas, mini muffins de limón, unas medialunitas rellenas con jamón y queso, y tres tazas humeantes de café. Su sonrisa era tan amplia que por un segundo pareció que se le iba a caer la bandeja.
—¡En serio! —repitió, soltando una carcajada mientras dejaba todo sobre la mesita baja, entre los almohadones del sillón—. Lo dijo con esa cara de mármol que tiene. Así