Punto de vista de Isabela Conti
Desperté en una cama que no era mía, en una casa que olía a colonia cara y café recién hecho.
Por un instante, no recordé dónde estaba ni cómo había llegado ahí.
Luego los recuerdos me golpearon: Mateo me trajo aquí, a mí y a mis hijos.
El corazón se me apretó, porque él era un enemigo al que odiaba con cada fibra de mi ser.
Las sábanas eran suaves contra mi piel, algodón egipcio que seguramente costaba más que lo que yo ganaba en un año, pero no era el