Punto de vista de Isabela
El café se enfriaba en la mesita de noche, pero no conseguía llevarme la taza a los labios.
Mateo ya había salido de la habitación después de consolarme con palabras suaves que no lograban calmar el torbellino dentro de mí.
Me temblaban demasiado las manos y los recuerdos que habían empezado con mi noche de bodas aún no habían terminado conmigo.
El peor de todos. El que siempre intentaba enterrar en lo más profundo, el que lo cambió todo para siempre.
Valeria tenía