Punto de vista de Thiago
La celda era fría, húmeda y olía a orina y desesperación.
Me senté en el banco metálico duro, con las manos aún esposadas a la espalda, escuchando los sonidos de la comisaría más allá de estos muros.
Teléfonos sonando. Agentes hablando. Los ruidos normales de gente haciendo su trabajo mientras mi vida se desmoronaba.
Debería haber huido. En el momento en que me di cuenta de que Mateo lo había descubierto todo, en el momento en que vi aquellos coches de policía acercándo