##Lucio##
Estaba sentado tras el escritorio de mi pequeño despacho, con los codos apoyados sobre la madera. Nada lograba calmar el hervidero de mis pensamientos. Por más que lo intentara, por más que apretara los ojos e invocara el silencio interior que siempre había guiado mi ministerio, la misma escena volvía a proyectarse con crueldad: Atenea en la oficina de Julián, la cercanía de sus cuerpos, la entrega aparente de aquel beso.
Una punzada de amargura me oprimía el pecho. Me repetía a mí mi