El regreso a la mansión fue una tortura silenciosa. Toda la información recibida aun bailaba en mi cabeza. Esto recién era el principio, estaba segura que iba a destapar mucha basura debajo de la alfombra de Dante Rossi, basura que siempre estuvo aunque antes no quisiera ver.
A mitad de camino, la pantalla de mi teléfono se iluminó con una notificación. Al mirar de reojo, el corazón me dio un vuelco al leer el nombre del remitente: Padre Lucio.
"Atenea, quería comunicarme para agradecerte en no