—Artem Romanov
Desvié la mirada de la ventana y lo observé, mientras fruncía mi ceño un poco confundida.
—¿Qué?
—Así se llamará nuestro hijo. Significa Saludable y fuerte, y él lo es. —Se inclinó hacia mí, sus labios rozaron mi cuello—. Ahora, tú elige el nombre de la niña —susurró.
Sonreí, decidida, sin pensar mucho, ya que su nombre estaba grabado en mi mente desde hace años.
—Lia, Lia Romanova.
—Artem y Lia Romanov —una pequeña sonrisa adornó su rostro.
Me recosté a su lado y suspiré, había