Desperté al percibir unos murmullos susurrantes a mi lado. Quise maldecir en voz alta, pero la pequeña conversación entre estos dos individuos atrapó mi atención de inmediato. Opté por fingir que continuaba sumida en un sueño ligero, ocultando mi observación detrás de mis párpados entrecerrados.
—¿Qué me darás de cumpleaños? —preguntó mi esposo con un matiz de expectación.
—No tengo, papá —se quejó Artem en un tono infantil.
—¿No tienes qué? Tacaño.
Pude imaginar que en esos momentos mi bebé ha